La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, comprender lo que siente y responder con sensibilidad. Es una de las bases de las relaciones sanas, de la convivencia y del bienestar emocional, y, lejos de ser algo con lo que simplemente se nace o no, se desarrolla y se puede cultivar desde la infancia.
Los niños y niñas no llegan al mundo sabiendo ponerse en la piel de los demás: lo van aprendiendo poco a poco, sobre todo a través de cómo les tratan y de lo que ven a su alrededor. En este artículo vemos qué es la empatía, cómo se desarrolla y qué podemos hacer en el día a día para fomentarla.
¿Qué es la empatía y por qué es importante?
La empatía tiene dos caras: una emocional, que es sentir en cierto modo lo que siente el otro, y otra más cognitiva, que es comprender su punto de vista aunque sea distinto al nuestro. Un niño o una niña con empatía desarrollada se relaciona mejor, resuelve los conflictos con menos agresividad, coopera y pide ayuda cuando la necesita. Es, además, un factor protector frente al acoso escolar.
¿Cómo se desarrolla la empatía?
La empatía se construye de forma gradual. Los bebés ya reaccionan al malestar de los demás, pero hasta los 2 o 3 años no empiezan a distinguir que los demás sienten y piensan de forma diferente a ellos. Durante la etapa infantil esta capacidad se va afinando, y sigue madurando a lo largo de toda la infancia y la adolescencia. Por eso conviene acompañarla con paciencia y de forma adaptada a cada edad.
Cómo fomentarla en el día a día
No hace falta nada extraordinario: la empatía se cultiva en los pequeños momentos cotidianos, sobre todo a través del ejemplo y del acompañamiento emocional.
El ejemplo de los adultos
Los niños y niñas aprenden mucho más de lo que ven que de lo que les decimos. Tratarles con empatía, escucharles de verdad y mostrar comprensión hacia los demás es la forma más poderosa de enseñarla. Cuando sienten que sus emociones importan, aprenden a tener en cuenta las de los demás.
Poner nombre a las emociones
Ayudar a identificar lo que sienten ellos y lo que sienten los demás ("ese niño está triste porque se ha caído") desarrolla la comprensión emocional. Cuanto mejor reconozcan las emociones, más fácil les resultará conectar con las de otras personas. Es un trabajo muy ligado a la gestión de las emociones.
Validar antes de corregir
Antes de explicar qué podría haber hecho mejor, conviene reconocer lo que siente. Un niño o una niña que se siente comprendido aprende, por experiencia propia, lo que significa que alguien se ponga en su lugar, y tenderá a hacer lo mismo con los demás.
Cuentos, juego y preguntas
Los cuentos y el juego simbólico son herramientas excelentes: al hablar de cómo se sienten los personajes o al jugar a distintos roles, los niños y niñas practican ponerse en la piel de otro. Preguntas sencillas como "¿cómo crees que se ha sentido tu amigo?" les invitan a pensar en los demás. Puedes inspirarte en nuestra selección de libros para fomentar la empatía.
Qué es mejor evitar
No ayuda obligar a pedir perdón de forma mecánica, sin que haya comprensión real de lo ocurrido, ni minimizar lo que sienten ("no es para tanto"). Tampoco avergonzarles por no reaccionar como esperamos. La empatía se enseña desde la empatía, no desde la exigencia.
Cómo te ayudamos en Abaterapia
En Abaterapia trabajamos la educación emocional y las habilidades sociales de los niños y niñas, acompañando también a las familias. Si quieres ayudar a tu hijo o tu hija a desarrollar la empatía y a relacionarse mejor, escríbenos sin compromiso y te orientamos.
Valentina Piermattei
Bárbara Campo Jiménez
Luis Manuel Zamorano
Isabel Parra
Irene Nieto