Cada día, nuestro cerebro recibe una enorme cantidad de información a través de los sentidos y la organiza para poder responder de forma adecuada. A ese trabajo lo llamamos procesamiento sensorial. Cuando funciona bien, pasa desapercibido; pero cuando hay dificultades, el día a día de un niño o una niña puede volverse desbordante por motivos que a los adultos nos cuesta entender.
Algunos niños y niñas reaccionan de forma muy intensa a un ruido, a una etiqueta de la ropa o a una textura, mientras que otros parecen necesitar moverse sin parar o no notar los golpes. Comprender qué hay detrás de estas conductas ayuda a acompañarlas con más empatía y menos conflicto. En este artículo vemos qué es el procesamiento sensorial, qué señales conviene observar y cómo ayudar en casa.
Qué es el procesamiento sensorial
El procesamiento sensorial es la capacidad del sistema nervioso para recibir, interpretar y organizar la información que llega por los sentidos, y dar una respuesta ajustada. Además de los cinco sentidos clásicos —vista, oído, tacto, gusto y olfato—, intervienen otros dos menos conocidos: el sentido vestibular, que informa sobre el equilibrio y el movimiento, y la propiocepción, que nos dice dónde está nuestro cuerpo en el espacio.
Cuando este proceso no se regula bien, el niño o la niña puede recibir la información de forma demasiado intensa o demasiado débil, y eso condiciona cómo se siente y cómo actúa. No se trata de un capricho ni de una mala conducta, sino de una forma distinta de percibir el mundo.
Señales que conviene observar
Las dificultades de procesamiento sensorial se manifiestan de maneras muy diversas, y a menudo se confunden con problemas de conducta. Suelen agruparse en dos grandes perfiles, que pueden incluso combinarse en una misma persona según el sentido implicado.
Hipersensibilidad: cuando todo llega con demasiada fuerza
Algunos niños y niñas perciben los estímulos de forma amplificada. Pueden taparse los oídos ante ruidos cotidianos, molestarse con las etiquetas o las costuras de la ropa, rechazar ciertas texturas de alimentos, incomodarse con la luz intensa o evitar el contacto físico y los lugares con mucha gente. No lo hacen para llamar la atención: para ellos, esas sensaciones resultan realmente desagradables.
Hiposensibilidad y búsqueda sensorial
En el otro extremo, hay niños y niñas que parecen necesitar más estímulo del habitual. Buscan movimiento constante, saltan, chocan con las cosas, aprietan con fuerza, se llevan objetos a la boca o parecen no notar el dolor o el frío. A menudo se les describe como inquietos o "demasiado activos", cuando en realidad están tratando de regular su sistema sensorial.
Relación con el autismo y el neurodesarrollo
Las dificultades de procesamiento sensorial son muy frecuentes en niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista, hasta el punto de formar parte de sus características, y también aparecen con frecuencia junto al TDAH. Sin embargo, pueden darse igualmente en niños y niñas con un desarrollo típico. Observar estas señales no equivale a un diagnóstico, pero sí es una información valiosa que conviene tener en cuenta en una valoración global.
Cómo acompañar en casa
La clave está en adaptar el entorno y anticiparse, en lugar de exigir que el niño o la niña "aguante" lo que le resulta insoportable. Entender qué estímulos le desbordan y cuáles le ayudan permite prevenir muchas crisis y hacer su día a día más llevadero.
Adaptar el entorno y anticipar
Reducir la sobreestimulación en los momentos difíciles, avisar de los cambios con antelación y preparar los ambientes ruidosos o concurridos ayuda mucho. Para quien busca movimiento, ofrecer oportunidades de actividad física y de juego que aporten esa estimulación de forma organizada suele reducir la inquietud. Las rutinas y los apoyos visuales aportan previsibilidad y seguridad.
Respetar sus señales sin forzar
Obligar a tolerar una textura o un ruido que resulta aversivo rara vez funciona y suele aumentar el malestar. Es mejor avanzar poco a poco, respetando los tiempos del niño o la niña y validando lo que siente. Sentirse comprendido es, en sí mismo, una gran fuente de calma y confianza.
¿Cuándo pedir ayuda?
Conviene consultar cuando estas dificultades interfieren en el día a día, en los aprendizajes o en las relaciones, cuando generan un malestar importante o cuando van acompañadas de otras señales del desarrollo. Una valoración profesional ayuda a entender el perfil de cada niño o niña y a diseñar las estrategias más adecuadas.
En Abaterapia somos especialistas en infancia y en autismo, y acompañamos a las familias para comprender cómo percibe el mundo su hijo o su hija y cómo ayudarle a sentirse mejor. Si te preocupa alguna de estas señales, puedes conocer nuestra intervención en autismo y neurodesarrollo o escribirnos sin compromiso.
Valentina Piermattei
Bárbara Campo Jiménez
Luis Manuel Zamorano
Isabel Parra
Irene Nieto