El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta a la forma en que la persona se comunica, se relaciona y procesa el mundo que le rodea. Se manifiesta de maneras muy distintas en cada niño o niña, de ahí la palabra "espectro". Conocer sus primeras señales ayuda a las familias a actuar a tiempo, y actuar a tiempo marca una gran diferencia.
Este artículo no sirve para diagnosticar —eso solo puede hacerlo una valoración profesional—, sino para orientar sobre qué conviene observar en los primeros años. Presentar alguna de estas señales no significa que un niño o una niña tenga autismo, pero sí es un motivo razonable para consultar con especialistas.
Por qué importa la detección temprana
Los primeros años de vida son una etapa de enorme plasticidad cerebral, en la que la intervención tiene un impacto especialmente alto. Cuando el autismo se detecta pronto y se inicia un apoyo adecuado, se favorece el desarrollo de la comunicación, la autonomía y las habilidades sociales, y se acompaña mejor a la familia. Por eso, ante la duda, siempre es preferible consultar antes que esperar.
Señales de alerta por áreas
Las señales del autismo suelen agruparse en tres grandes áreas. Conviene observarlas en conjunto y a lo largo del tiempo, no de forma aislada.
Comunicación y lenguaje
Algunas señales que conviene atender son un retraso en la aparición del lenguaje, la ausencia de balbuceo o de gestos como señalar o decir adiós con la mano hacia el año de edad, no responder al nombre, repetir palabras o frases de forma literal (ecolalia) o un uso poco comunicativo del lenguaje. También llama la atención la dificultad para iniciar o mantener una conversación sencilla adaptada a su edad.
Interacción social
En el área social pueden observarse poco contacto visual, escaso interés por compartir juegos o emociones con otras personas, dificultad para responder a las sonrisas, no mostrar objetos a los demás para compartir su atención, o preferir jugar en solitario de forma muy marcada. La dificultad para comprender las emociones y las señales sociales de los demás es otra señal frecuente.
Conducta, intereses y aspectos sensoriales
Son características los comportamientos repetitivos (balanceos, aleteo de manos, alinear objetos), la insistencia en las rutinas y el malestar intenso ante los cambios, los intereses muy restringidos o absorbentes, y las particularidades sensoriales: reaccionar de forma muy intensa a ruidos, luces o texturas, o buscar ciertas sensaciones de manera repetida. Puedes leer más sobre esto en nuestro artículo sobre los problemas de procesamiento sensorial.
Las señales cambian con la edad
Antes de los 18 meses suele preocupar la falta de contacto visual, de sonrisa social y de gestos comunicativos. Entre los 18 meses y los 3 años cobran más peso el retraso del lenguaje, la escasa respuesta al nombre, el juego poco simbólico y los comportamientos repetitivos. Cada niño y niña tiene su propio ritmo, por lo que lo importante no es una señal suelta, sino un patrón que se mantiene.
Qué hacer si observas estas señales
Lo más importante es no autodiagnosticar ni quedarse con la incertidumbre. Si reconoces varias de estas señales en tu hijo o tu hija, lo recomendable es solicitar una valoración con profesionales especializados en neurodesarrollo. Una evaluación rigurosa permite entender qué está ocurriendo y, si es necesario, iniciar cuanto antes el apoyo adecuado. Detectar no es etiquetar: es abrir la puerta a ayudar mejor.
Cómo te ayudamos en Abaterapia
En Abaterapia somos especialistas en infancia y en autismo. Realizamos evaluaciones individualizadas y acompañamos a los niños y niñas y a sus familias con terapia basada en la metodología ABA y con atención temprana en los primeros años. Si alguna de estas señales os preocupa, escríbenos sin compromiso y valoramos juntos cómo ayudar a tu hijo o tu hija.
Valentina Piermattei
Bárbara Campo Jiménez
Luis Manuel Zamorano
Isabel Parra
Irene Nieto