Comportamiento

El síndrome de Asperger

La Confederación de Asperger España estima que uno de cada 100 niños y niñas concuerda con el diagnóstico de Trastorno del Espectro del Autismo en este país, pudiendo relacionarse con el síndrome de Asperger a entre un 18% y un 27% de éstos. A pesar de la gran prevalencia de este síndrome, continúa habiendo un gran desconocimiento en la población sobre qué es y cuáles son sus características principales. Es por ello por lo que desde 2007, el 18 de febrero, coincidiendo con el cumpleaños de Hans Asperger, se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre este común síndrome.

Definición y perspectiva Histórica

El síndrome o trastorno de Asperger fue descrito por primera vez por Hans Asperger en 1944, como un conjunto de dificultades en la comunicación y la interacción social (Hosseini y Molla, 2020). Se introdujo por primera vez como categoría diagnóstica en la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV, 1994), dentro de la categoría de Trastornos Generalizados del Desarrollo. Se recogían dentro de la etiqueta diagnóstica de Trastorno de Asperger, aquellas personas que presentaban una alteración de la interacción social junto con patrones de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos y estereotipados, sin cursar con estos síntomas, ningún tipo de retraso general del lenguaje y del desarrollo cognitivo (Hosseini y Molla, 2020).

En la actualidad, su etiqueta de diagnóstico se ha eliminado de la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5, APA, 2013), incluyéndolo dentro de una categoría más general de Trastorno del Espectro Del Autismo (TEA). El TEA se caracteriza según este manual por implicar dificultades en la interacción social, que pueden afectar en mayor o menor medida la comunicación verbal y no verbal, además de la presencia de comportamientos e intereses repetitivos y restringidos (DSM-5, APA, 2013). Sin embargo, el DSM-5, habla de diferentes niveles de severidad de TEA, facilitando una clasificación que atiende al nivel de ayuda requerida por el paciente en cada área afectada, pudiéndose clasificar cada una de ellas en tres grados de afectación: “Necesita ayuda” (grado 1), “Necesita ayuda notable” (grado 2) y “Necesita ayuda muy notable” (grado 3).

Letrero Asperger - Abaterapia

Niveles de gravedad del TEA (adaptación a partir de DSM-5, APA, 2013).

Comunicación e interacción social Comportamientos restringidos y repetitivos

Grado 1

Dificultad en el inicio de la interacción social, respuestas atípicas a la apertura social y poco interés en las relaciones sociales. Los déficits en la comunicación causan alteraciones en el funcionamiento de la persona. El funcionamiento de la persona está significativamente alterado en uno o más contextos por la inflexibilidad de comportamiento, los problemas de planificación y la dificultad para alternar actividades.

Grado 2

Inicio limitado de la interacción social y escasa respuesta o respuesta no normal a la apertura social. Los déficits en la comunicación causan deficiencias notables en el funcionamiento de la persona. El funcionamiento de la persona está afectado en diversos ámbitos por la inflexibilidad de comportamiento, comportamientos restringidos y repetitivos y la dificultad para hacer frente a los cambios.

Grado 3

Inicio muy limitado de la interacción social y respuesta únicamente a interacciones sociales directas. Los déficits en la comunicación causan deficiencias muy graves en el funcionamiento de la persona. El funcionamiento de la persona está notablemente afectado en todos los ámbitos por la inflexibilidad de comportamiento, comportamientos restringidos y repetitivos y la extrema dificultad para hacer frente a los cambios.

Por lo tanto, en la actualidad el síndrome de Asperger se puede catalogar como Trastorno del Espectro del Autismo (DSM 5 299.00; CIE-10 F84.0) grado 1 (necesita ayuda), sin retraso del lenguaje y sin déficit intelectual acompañante. Sin embargo, debido a la extensa historia del síndrome de Asperger y las presentaciones clínicas relativamente características, algunos especialistas continúan usando este diagnóstico como un subtipo de TEA (Hosseini y Molla, 2020).

Niño con Asperger jugando

Características clínicas del síndrome de Asperger

Para poder explicar las características principales que se dan en las personas con Trastorno del Espectro de Autismo tipo síndrome de Asperger (TEA-AS), es necesario diferenciar dos grandes bloques: en primer lugar, las anomalías en la interacción y la comunicación social; en segundo lugar, se describirán aquellas relativas al comportamiento restringido y repetitivo.

  • Anomalías en la interacción y la comunicación social

Las personas con TEA-AS suelen mostrar déficits en la reciprocidad socioemocional, teniendo dificultad para iniciar y responder adecuadamente a las interacciones sociales. Además, suelen manifestar dificultades para comprender y percibir los sentimientos y pensamientos ajenos, o compartir intereses con otros (Ganz, 2014; Kuo, Orsmond, Cohn y Coster, 2013).

Es típico también que las personas con Asperger muestren atipicidades en el uso pragmático del lenguaje, pues tienden a interpretarlo de manera literal, siendo para ellos difícil captar los dobles sentidos, las bromas o las metáforas (Martos y Ayuda, 2002). A esta dificultad en la conversación, se le une su peculiar manera de ver el mundo, enfocando su atención en los detalles en vez de realizar una visión global de lo que les rodea, lo que en ocasiones genera conversaciones que al interlocutor le parecen excéntricas y difíciles de seguir.

En segundo lugar, las personas con Asperger pueden manifestar dificultades para entender y utilizar el lenguaje no verbal (Vallejo, 2015; Ganz, 2014). Por ejemplo, es frecuente encontrar evitación del contacto visual, y la falta de concordancia entre los gestos, el tono de voz y la expresión facial con el mensaje emitido (Matson, Boisjoli y Mahan, 2009).

Otra característica del Síndrome de Asperger es la dificultad en la formación y mantenimiento de relaciones sociales. En las edades más tempranas se pueden observar dificultades o anomalías en el juego, siendo especialmente complejas las interacciones que conllevan respetar un turno de participación (Barrett, Prior y Manjiviona, 2004). Según van creciendo los niños y niñas con TEA-AS tienden a tener pocas relaciones sociales, pues les cuesta ajustar su comportamiento para adaptarse a diferentes contextos sociales. Además, suele presentarse la ausencia de interés hacia los otros, lo que provoca dificultad para mantener relaciones sociales y éstas suelen ser poco personales e íntimas (Rowley et al., 2012).

  • Comportamiento restringido y repetitivo

En cuanto a los patrones de comportamiento de las personas con Asperger, se pueden manifestar movimientos estereotipados o repetidos, entre los que se encuentran los balanceos, manierismos con manos y dedos o caminar de puntillas (Vallejo, 2015). Además, es típica de este síndrome la existencia de rutinas o patrones inflexibles, cuya alteración suele provocar malestar en el niño o el adulto (Cuccaro et al., 2003).

Suelen mostrar interés por temas muy concretos, que se convierten en el foco de su atención, buscando gran cantidad de información. Esta característica suele afectar también a sus relaciones sociales, pues en muchas ocasiones el tema de su agrado domina el contenido de su conversación, sin atender a las demandas e intereses de los interlocutores (Flórez, 2014).

También pueden darse anomalías en la modulación sensorial en pacientes con Asperger, es decir, perciben y procesan la información sensorial de forma diferente a una persona con desarrollo típico, lo que genera una hiper o hipo respuesta ante los estímulos sensoriales de su entorno (Vallejo, 2015; Tomchek y Dunn, 2007).

Tratamiento Asperger Abaterapia Madrid

¿Qué puedo hacer si sospecho que alguien de mi entorno tiene Asperger?

Es importante que si encontramos algunas de las características descritas anteriormente en alguien de nuestro entorno fomentemos la visita a un especialista que pueda hacer una evaluación diagnóstica y un tratamiento en el futuro si fuera necesario.

La detección temprana de los Trastornos del Espectro del Autismo juega un papel fundamental a la hora de realizar un tratamiento eficaz, encontrando mayores mejorías en menos tiempo cuando la intervención comienza en los primeros años de vida. Además, cabe destacar que, aunque las formas de TEA más severas suelen diagnosticarse alrededor de los 3 años, esta edad se ve incrementada en el síndrome de Asperger al ser más leve, y por tanto, más difícil de detectar, llegándose a diagnosticar a veces en la edad adulta (Hosseini y Molla, 2020). Cuando el diagnóstico es tardío, no solo el proceso terapéutico es más complejo, sino que además la persona con Asperger puede desarrollar otro tipo de afectaciones como ansiedad o depresión al frustrarse continuamente sus intentos de interactuar con otros (Flórez, 2014).

Además de favorecer el diagnóstico, hay algunas pautas que se pueden seguir para ayudar a las personas con Síndrome de Asperger:

  • Estructurar y organizar el entorno. Puede ser útil, sobre todo con niños y niñas, establecer y escribir unas normas claras a seguir.
  • Anticipar los posibles cambios en las rutinas, para minimizar el malestar que les produce.
  • Utilizar un lenguaje claro y frases cortas. Puede ayudar hacerle preguntas para comprobar que ha comprendido lo que se le ha dicho.
  • Utilizar soportes visuales, en general a los niños y niñas con TEA les es más sencillo procesar la información visual que el lenguaje hablado.
  • Ser paciente con las rigideces cognitivas, siendo conscientes de lo mucho que les cuenta ser más flexibles.
  • Ayudarles a aprender algunas fórmulas útiles para comenzar y mantener las interacciones sociales.
  • No tener en cuenta solo sus dificultades, alabar aquellas cosas en las que son buenos.

BIBLIOGRAFÍA

American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed.) (DSM-5). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.) (DSM-5). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.

Barrett, S., Prior, M. y Manjiviona, J. (2004). Children on the borderlands of autism: Differential characteristics in social, imaginative, communicative and repetitive behaviour domains. Autism, 8(1), 61-87.

Cuccaro, M. L., Shao, Y., Grubber, J., Slifer, M., Wolpert, C. M., Donnelly, S. L., … y Pericak-Vance, M. A. (2003). Factor analysis of restricted and repetitive behaviors in autism using the Autism Diagnostic Interview-R. Child psychiatry and human development, 34(1), 3-17.

Flórez, R. A. N. (2014). Avances y perspectivas en Síndrome de Asperger. Nova, 12(21), 81-101.

Ganz, J.B. (2014). Overview of Autism Spectrum Disorders and Complex Communication Needs. In Ganz, J.B (Ed.) Aided Augmentative Communication for Individuals with Autism Spectrum Disorders, Autism and Child Psychopathology Series (pp.3-11). New York: Springer.

Hosseini, S. A. y Molla, M. (2020). Asperger Syndrome. StatPearls.

Kuo, M.H., Orsmond, G.I., Cohn, E.S., y Coster, W. J. (2013). Friendship characteristics and activity patterns of adolescents with an autism spectrum disorder. Autism, 17(4), 481–500.

Martos, J. y Ayuda, R. (2002). Comunicación y lenguaje en el espectro autista: el autismo y la disfasia. Revista de neurología, 34(1), 58-63.

Matson, J.L., Boisjoli, J. y Mahan, S. (2009). The relation of communication and challenging behaviors in infants and toddlers with autism spectrum disorders. Journal of Developmental and Physical Disabilities, 21(4), 253-261.

OMS (2019a). Clasificación Internacional de Enfermedades (11ª Ed.). Génova.

Rowley, E., Chandler, S., Baird, G., Simonoff, E., Pickles, A., Loucas, T. y Charman, T. (2012). The experience of friendship, victimization and bullying in children with an autism spectrum disorder: Associations with child characteristics and school placement. Autism Spectrum Disorders, 6(3), 1126-1134.

Tomchek, S. D. y Dunn, W. (2007). Sensory processing in children with and without autism: a comparative study using the short sensory profile. American Journal of occupational therapy, 61(2), 190-200.

Vallejo, J. (2015). Introducción a la psicopatología y la psiquiatría (8a ed.). Barcelona etc.: Elsevier.

Bárbara Campo Jiménez - firma
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