Maternidad y paternidad

El uso de mascarillas faciales y los niños y niñas

Las mascarillas faciales y los niños y niñas

¿De qué manera les afecta?

El coronavirus ha trastocado profundamente nuestras costumbres sociales a todos los niveles y, dentro de todos los cambios producidos, tal vez, uno de los más llamativos es la necesidad de utilizar mascarilla facial para protegernos del contagio.

Si para los adultos ya resulta extraño e inquietante la visión de las mascarillas faciales cada vez que salimos de casa, para los niños y niñas, es doblemente chocante este cambio que ha hecho que, en un periodo de tiempo muy breve, todos los rostros se vean semiocultos tras estos dispositivos que esconden los gestos faciales y las sonrisas.

Los niños y niñas prestan especial atención a los rostros a la hora de interactuar y sentir confianza hacia la persona que tienen delante y, las mascarillas, ocultan esa información no verbal imprescindible para ellos a la hora de sentirse seguros.

Esta intranquilidad es mayor en los pequeños de hasta tres años de edad que son los que más probabilidades tienen de sentir miedo al observar a sus seres cercanos con el rostro oculto, puesto que se les hace más difícil reconocerlos.

Es a partir de los tres años cuando las figuras de apego comienzan a estar interiorizadas y el temor puede resultar menor pero igualmente, debemos tener en cuenta que, en los pequeños, la imaginación se mezcla con la realidad y esta extraña indumentaria no deja de ser turbadora, pudiendo llegar a desatar sus miedos o su intranquilidad.

A partir de los siete años los niños y niñas tienen una visión más ajustada de la realidad por lo que es menos frecuente que muestren temor frente a las mascarillas y que, los miedos asociados a las mismas, cobren otra naturaleza más relacionada con la enfermedad, la muerte, o la posibilidad de contagio de sus seres cercanos, especialmente si su entorno da muestras de una excesiva preocupación por estos temas.

Comunicación niños y niñas con mascarilla

Información no verbal

Lo que está claro, en todo caso, es que las mascarillas faciales imposibilitan que los niños y niñas reciban una información no verbal que resulta fundamental para su desarrollo cognitivo y que es clave en su aprendizaje emocional, el desarrollo de la empatía, la comunicación y la formación se da de forma inconsciente mediante la interacción social. Y que, este hecho se ve agravado especialmente en aquellos niños y niñas con necesidades especiales, como aquellos con TEA, TDAH o ansiedad social.

Cómo evitar el miedo a las mascarillas en los niños y niñas

En primer lugar, es importante que los niños y niñas puedan familiarizarse con las mascarillas, asimilándolas como un utensilio de uso cotidiano. Para este fin, es aconsejable que nos tomemos un tiempo a la hora de ponérnosla, dejándoles que la observen y retirándola después para que puedan apreciar nuestro rostro detrás de la misma. Al repetir el gesto de ponernos y quitarnos la mascarilla, facilitamos que el niño aprenda a identificar que, el rostro de su ser querido está detrás de la tela.

La creatividad también puede ayudarnos a la hora de normalizar esta situación, por eso, una buena idea es pintar con ellos las mascarillas que vamos a utilizar o fabricarlas nosotros mismos a modo de manualidad. De esta manera, el uso de la mascarilla se convierte casi en juego, lo que ayuda al menor a familiarizarse con ella desde otro lugar.

Del mismo modo, la imaginación puede ser utilizada para diluir los temores y podemos utilizar la excusa de transformar la mascarilla en una máscara de superhéroe o jugar con ellos a los médicos y explicarles que al llevarlas estamos ayudando a los demás.

El caso es no crear alarmismo y eliminar la posibilidad de extrañeza o la sensación de desprotección que pueden sentir al no reconocer a sus padres o a las personas cercanas.

Es importante acompañar todo esto de mensajes tranquilizadores, hacer uso del tono de voz y de la cercanía corporal para transmitirles seguridad. Tampoco debemos olvidar que, en estos momentos, la mirada es más importante que nunca y que gracias a ella, también podemos ser capaces de transmitir emociones.

En el caso de niños y niñas con dificultades especiales siempre podemos recurrir a otros dispositivos como las pantallas protectoras que permiten que el rostro pueda verse al completo.

En todo caso, lo más importante es hacer sentir a los niños y niñas que estamos cerca de ellos, adaptando la necesidad de utilizar mascarilla a sus necesidades emocionales y tratando de no transmitirles temores exagerados o sensación de incertidumbre, pero sin olvidar nunca la verdadera función de este dispositivo: la de protegernos frente al virus y la de proteger a los que nos rodean.

Adaptación todoterreno

En resumen, no debemos olvidar que los niños y niñas tienen una gran capacidad de adaptación y que, con algo de paciencia, imaginación y cariño podemos hacer que los más pequeños se adapten a esta nueva situación sin mayores sobresaltos.

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