Que un niño o una niña pequeña pegue, muerda o empuje es una de las situaciones que más preocupan y avergüenzan a las familias. Sin embargo, en los primeros años es un comportamiento mucho más frecuente de lo que parece y, en la mayoría de los casos, forma parte del desarrollo. No significa que tu hijo o tu hija sea "malo" ni que lo estéis haciendo mal.
Entender por qué ocurre y saber cómo responder ayuda a que esta etapa se resuelva antes y a que el niño o la niña aprenda formas más adecuadas de expresar lo que siente. En este artículo vemos por qué pegan o muerden, qué hacer en casa y cuándo conviene pedir ayuda.
¿Por qué pegan o muerden?
En los primeros años, los niños y niñas sienten emociones muy intensas pero todavía no tienen las herramientas para gestionarlas ni el lenguaje para expresarlas. Pegar o morder suele ser una forma de comunicar algo que aún no saben decir con palabras. Las causas más habituales son:
- Frustración o enfado que no saben canalizar de otra forma.
- Falta de lenguaje para pedir, negarse o expresar lo que les pasa.
- Impulsividad: actúan antes de poder pensar en las consecuencias.
- Exceso de estimulación, cansancio o hambre.
- Exploración (sobre todo al morder) o imitación de lo que ven.
- Búsqueda de atención cuando no encuentran otra manera de conseguirla.
¿Es normal?
Sí. Pegar y morder es especialmente frecuente entre el año y los 3 años, cuando la capacidad de autocontrol y el lenguaje están empezando a desarrollarse. A medida que el niño o la niña aprende a hablar, a esperar y a regular sus emociones, estas conductas suelen desaparecer de forma natural. Lo importante no es tanto que ocurra, sino cómo acompañamos ese aprendizaje.
Qué puedes hacer en casa
El objetivo no es castigar, sino enseñar. Se trata de poner un límite claro al mismo tiempo que ayudamos al niño o la niña a encontrar otras formas de expresarse.
Reaccionar con calma y firmeza
Ante un mordisco o un golpe, conviene intervenir de inmediato, con tranquilidad pero con firmeza, dejando claro y breve que "no se pega, pega daño". Atender primero a quien ha recibido el golpe transmite que la agresión no consigue la atención que a veces se busca.
Poner palabras a la emoción
Ayuda mucho nombrar lo que probablemente está sintiendo: "estás muy enfadado porque querías ese juguete". Sentirse comprendido reduce la intensidad de la emoción y, poco a poco, les enseña a identificar lo que les pasa, un primer paso para aprender a gestionar sus emociones.
Enseñar alternativas
No basta con decir lo que no deben hacer; hay que mostrarles qué sí pueden hacer: pedir ayuda, decir "no" o "mío" con palabras, apretar un cojín o alejarse. Cuanto más practiquen estas alternativas en momentos tranquilos, más fácil les resultará recurrir a ellas cuando se enfaden.
Prevenir y reforzar lo positivo
Anticipar las situaciones difíciles (cansancio, hambre, compartir juguetes) evita muchos episodios. Y reconocer y celebrar cuando resuelven un conflicto sin pegar es una de las herramientas más poderosas para que esa conducta se repita.
Qué es mejor evitar
No ayuda pegar o morder "para que vea lo que se siente", ya que les enseña justo lo contrario de lo que queremos. Tampoco los gritos, los castigos desproporcionados ni las etiquetas como "niño malo" o "mordedor", que dañan su autoestima y no enseñan alternativas. La calma del adulto es parte del aprendizaje.
¿Cuándo pedir ayuda?
Conviene consultar cuando la agresividad es muy frecuente o intensa, se mantiene más allá de los 3 o 4 años, provoca daño de forma habitual, o aparece junto a otras dificultades del desarrollo, del lenguaje o de la relación. Una valoración ayuda a entender qué hay detrás y a orientar a la familia.
Cómo te ayudamos en Abaterapia
En Abaterapia evaluamos qué hay detrás de cada conducta y acompañamos a los niños y niñas y a sus familias con pautas concretas y eficaces. Puedes leer también sobre las rabietas o sobre los problemas de conducta. Si la situación os desborda, escríbenos sin compromiso y valoramos juntos cómo ayudar.
Valentina Piermattei
Bárbara Campo Jiménez
Luis Manuel Zamorano
Isabel Parra
Irene Nieto